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Hermosa edición de la correspondencia de Rubén Martínez Villena (MENCIÓN AL JAZZ)

Por: Gina Picard
Fecha: 2019.03.12
Fuente: radiociudadhabana.icrt.cu

He recibido un inesperado regalo de cumpleaños: los tres tomos de /El útil Anhelo/, la hasta hoy más completa compilación —hecha por Carlos Reig Romero— del epistolario de Rubén Martínez Villena, quien ha sido reconocido como  “una de las cabezas políticas mejor organizadas de la
juventud cubana”, y el obsequio me ha emocionado, porque Villena es una de las personalidades de la historia de Cuba con que más he simpatizado siempre.

Jamás me he permitido hacer una reseña o un comentario de un libro sin antes haberlo leído en su totalidad y pensado en su totalidad también. Lo contrario, esas reseñas que lamentablemente hacen algunos periodistas donde comentan brevemente el tema, el diseño de portada, enumeran los capítulos y copian algunos datos sobre el autor tomados de la nota de contracubierta me parecen un atentado a nuestra profesión, que tengo en muy alta estima y por la que siento un respeto religioso.
 
Pero en este caso no puedo esperar a leer los tres voluminosos tomos, porque probablemente esa lectura me llevaría meses, y siento impaciencia por avisar a los lectores de que esta maravilla bibliográfica existe ya, pues aunque la fecha de publicación por Ediciones La Memoria, del Centro
Cultural Pablo de la Torriente Brau  es el año 2015, yo jamás había visto este libro en ninguna de mis incursiones por las librerías de La Habana, y no quisiera que mi ignorancia fuera por más tiempo la de quién sabe si muchos otros cubanos.

La correspondencia de Villena abarca el período  de 1912 a 1933, y contiene desde cartas íntimas a su novia y luego esposa hasta correspondencia política, muy reveladora por haber sido Villena
protagonista de tres de los eventos políticos más importantes de nuestra historia: la Protesta de los Trece, el Movimiento de Veteranos y Patriotas y el primer Partido Comunista de Cuba.

No solo estas cartas son esenciales para trazar el mapa de la vida de Villena, sino de su época en nuestro país y en las relaciones de aquel primer Partido nuestro con Stalin, a quien Villena se enfrentó con la limpidez y coraje de una independencia de acción a la que pocos se hubieran atrevido en tiempos en que Stalin dominaba todos los partidos comunistas del mundo, y tenía un brazo lo suficientemente largo capaz de ordenar a distancia ejecuciones masivas como la de los anarquistas catalanes en medio de la Guerra Civil Española, por citar solo un ejemplo de su extraordinario poder.

Mi admiración por Villena data de mi época de estudiante de secundaria, cuando conocí su poesía, y me ha acompañado siempre, tanto que en mi noveleta /Serata di gala/ aparece junto a Mella, Alejo Carpentier, Zacarías Tallet y otras figuras importantes de la cultura cubana, entonces todos jóvenes, en un apartamento de la calle San Lázaro donde se reunían con artistas de otros países, se tocaba jazz, se leía prosa y poesía, se hablaba de arte. Es historia real.

No es muy sabido el hecho de que Villena fue el abogado de Mella, además de amigo leal. Muchos otros eventos, sucesos y aspectos de su vida son también muy poco conocidos, pero este epistolario va a arrojar mucha luz sobre esa vida precozmente truncada por la tuberculosis, y contribuirá a humanizar a Villena que, como todos los personajes de la política y la historia, queda etiquetado en el estrecho traje de los estereotipos, cuando la realidad es que fue un hombre lleno de vida y, a pesar de su enfermedad, intenso y un hombre de acción que además de su vertiginosa y agitada labor comprometida, amó profundamente y se divirtió como cualquier otro joven de su edad y condición.

Cuando pienso en cómo la mayor parte del tiempo que dedicó a sus tareas febriles por el bien de Cuba lo hizo ya herido por la tisis, inevitablemente recuerdo a Martí, tan enfermo desde su adolescencia y que, a pesar de la gravedad de sus males que  con frecuencia lo postraban, llevó a cabo un trabajo incansable y vino a pelear a su isla sabiendo, estoy segura, que apenas le quedaba un año de vida.

Nada puedo decir de las cartas de Villena, apenas comienzo ahora a leerlas, pero reproduzco aquí, con gusto, unos hermosos pasajes del prólogo de Enrique López Mesa:

Poeta, narrador, periodista y ensayista, el hecho mismo de haber saltado al marxismo desde “el cielo de la poesía” y de haber muerto joven, víctima de la tisis, hacen de Rubén Martínez Villena la figura más romántica del movimiento comunista cubano, sumamente atractiva para los cultores de la “historia lírica”. […]Es una de las figuras más limpias y admirables de nuestra historia republicana […] En su vida no hubo nada objetable. Escogió el camino del  rigor intelectual y del idealismo político, con la ineludible carga de sinsabores que tal opción entraña. Se entregó por entero a la defensa de una clase social que no era la suya […] todo ello sin perseguir ni obtener una sola ventaja material. Al contrario —como antes Máximo Gómez—, recibió esa misma  “ingratitud de los hombres” que Martí ofreciera al viejo general como única probable recompensa  por su sacrificio. Ha devenido así uno de los paradigmas éticos de la nación cubana.

Se me escapa por completo el motivo de entrecomillar la categoría “historia lírica”. ¿Y por qué no puede ser lírica la historia, por qué tiene que ser, por lo general, abordada como una materia árida a la que el historiador debe acercarse con la frialdad de la objetividad ymanteniendo siempre una impecable falta de pasión? ¿Acaso podría escribirse de semejante modo del hombre que tiene los ojos más impresionantes que he observado en mi país? Inmensos, transparentes, líquidos y abismales, como de muerto anticipado que contempla el mundo desde la lejanía de una sabiduría más bien secreta… Ojos de héroe, de santo y de poeta, como el título de aquella hermosísima novela del español Ramón Sender.

Por ahora y mientras no termine de leer las cartas de uno de mis ídolos cubanos, solo me queda invitar de corazón a quienes se interesan por el alma de Cuba que busquen este libro y se acerquen a Rubén. Nunca serán decepcionados. Yo lo sé.

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