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Idania Valdés: Más allá del club social / Idania Valdés

Por: Ana María Domínguez Cruz
Fecha: 2021.08.20
Fuente: magazineampm.com

“Esto que estás oyendo / Ya no soy yo / Es el eco de un sentimiento”. Me complace iniciar así esta reseña del CD/DVD /Idania Valdés: Más allá del club social /(Egrem, 2021), presentado el pasado 23 de abril en las diferentes plataformas digitales. La cita, tomada de la canción /Eco/del uruguayo Jorge Drexler e incluida en el repertorio de este álbum, asumo que puede ser un buen comienzo para escucharlo.

A pesar de lo que indican esas líneas, la Idania Valdés que podemos
encontrar en esta oportunidad, disfrutable en vivo a partir de la
filmación de su concierto en el cine teatro Yara el 8 de marzo de 2017,
sí es ella; la mujer dispuesta a “zafarse” de las etiquetas que la
enmarcan en el Buena Vista Social Club, y que se atreve a interpretar
bolero, changüí, chachachá, entre otros géneros. Canciones de autores
conocidos del repertorio cubano con arreglos sorprendentes; otras, más
contemporáneas, y todas cuidadosamente interpretadas por ella.

No niega Idania su pertenencia a la emblemática agrupación de la música
tradicional cubana. De hecho, mucho de lo que debe haber aprendido en
esos 15 años se percibe en este proyecto, Premio Cubadisco 2020-2021 en
la categoría de  Espectáculo Audiovisual (concierto en vivo) de esa
edición. Idania es cubanía, aderezada con elegancia, técnica vocal
propia y exquisitez.

Confieso que ya había escuchado temas incluidos en su primer álbum
/Menos mal/(Colibrí, 2014) que regresan en esta nueva producción  —como
el que titula la placa y /Mientras/—, pero he disfrutado mucho escuchar
los otros y luego ver en pantalla el sobrio y refinado concierto, cuya
realización audiovisual estuvo a cargo de Eduardo Rodríguez y la propia
artista.

Atención, y esto para mí es relevante: conozco a Idania, su trabajo, su
manera de dialogar, sus deseos de trascender por ella misma y no porque
“de casta le viene al galgo”. Sé cuán importante le resulta encontrarse
en cada gesto, en cada movimiento suyo en escena, en cada mirada, en
cada giro tonal. Conocerla me hace percatarme de que debe estar feliz
con lo logrado, y me confirma —gustos individuales aparte— que es
necesario acercarse a ella cuando se quiera hablar de voces femeninas de
la contemporaneidad cubana.

Además, como un /bonus track/valioso, Idania se rodeó de excelentes
músicos: Michel Herrera en el saxo y a cargo de la dirección musical,
Edgar Martínez y Adel González en las congas, Jesús Pupo y Geovanis
Alcántara en el piano, Frank Rubio en el bajo, Dayron Ortiz en la
guitarra eléctrica, César Ochoa en la guitarra acústica, Aniel Tamayo y
David Suárez en el /drums/, Thommy Lowry y Lázaro Oviedo en las
trompetas, Eduardo Sandoval en el trombón. Algunos de ellos son miembros
de su agrupación habitual, y eso resalta en la empatía musical que se
logra. Los demás son invitados de lujo, con quienes estuvo cómoda, a
gusto, reina.

Este es un buen disco para escuchar y si se tiene a la mano el
audiovisual, mejor, porque cada interpretación tiene puntos extra al ver
a la Idania real, y no tanto la que se puede “retocar” con las clásicas
herramientas de una grabación.

Feliz debería estar César Portillo de la Luz y así deben sentirse Marta
Valdés, Polito Ibáñez, Jorge Drexler, Alain Pérez y su padre Gradelio,
Descemer Bueno, David Torrens, Amaury Gutiérrez, Ramón Cabrera, o
Jesusín Cruz, por ver renacer sus composiciones en este proyecto. Eso
sí, y vuelvo a la canción que cité al principio, a veces cuesta
separarse de la versión y el estilo original de un tema, pero aceptar el
reto va por las dos partes, o sea, también por la del público.

Eliades Ochoa, Amadito Valdés (padre de Idania), Barbarito Torres, Haila
María Mompié, Leo Garrido, Haydeé Milanés y Alain Pérez aceptaron su
invitación y acompañan a esta intérprete en canciones cuya sonoridad se
enriqueció a partir de esas uniones. Justamente /Eco/, con arreglos de
Germán Velazco, es totalmente novedosa, y Amadito Valdés hace gala de su
virtuosismo, como uno de los percusionistas más renombrados en el país.

Alain Pérez, más que su voz, coloca el bajo, suave, potente y glamoroso
en /Enséñale a quererte, /de su autoría conjunto con su padre Gradelio,
y fue linda (aunque la lindura, que diga, la belleza, no es un patrón
para calificar) la complicidad creada entre los dos.

Sublime la unión con Haydeé Milanés en la interpretación de /En nosotros
/Adiós, felicidad /Palabras/; y  agradezco la elección de Haila para
acompañarla en /Tu voz/, porque el empaste de las dos texturas vocales
fue muy atinado en ese tema. El rey del laúd, Barbarito Torres, le puso
sandunga a /Deja que siga sola/  y Eliades Ochoa agregó más que eso,
sabrosura, con /Enamorao bobo/, de su repertorio, tema que pensé
cerraría el concierto. La reafirmación del amor con Leo Garrido en /A la
manera mía/, de Amaury Gutiérrez, varias veces vista y oída, aquí
adquiere otro matiz, porque es el momento cumbre de una oportunidad
importante en la carrera de Idania y ahí estuvo él, y se sintió.

Mención aparte, porque lo merece, para Michel Herrera: compositor,
arreglista, agudo productor que asume la dirección musical de la
agrupación habitual de Idania y de este proyecto doble que marca su
pauta, madurez y acierto.

La sonoridad del disco va desde lo tradicional, lo clásico de la canción
cubana —recordemos que fue incluido en la categoría Cancionística del
Cubadisco, aunque existan temas bailables— y lo más contemporáneo. Por
momentos viajamos en el tiempo, y estamos en los años 50, 60, (qué
maravilla) y volvemos a la actualidad. Rumba, sí. Bolero desgarrador,
sí. Son, sí. Chachachá, sí. Entonces el álbum no aburre, sino que
seduce, y abre los oídos ante un sonido que no es forzado porque, si
algo se destaca sobremanera en las interpretaciones, es que Idania está
“a su aire”, o lo que es lo mismo, es dueña de cada canción. No es el
ánimo de parecer versátil lo que guía la producción, sino serlo y
demostrarlo.

Idania se atrevió, y eso me alegra. Considero que puede atreverse más, y
es lo que me inquieta de esta propuesta. La selección de los temas fue
rigurosa, estoy segura, los arreglos son exquisitos, y la imagen no
puede catalogarse de otra manera. Pero me dejó con ganas. Con ganas de
ver más osadía, más soltura, más espontaneidad, más “vientos que
despeinan”, como dice quien me habla de sentimientos profundos.

Este fue un excelente comienzo para mostrar lo que existe más allá de un
apellido y una etiqueta emblemática que no se puede ignorar, pero
presiento que aún persisten temores. Todos los tenemos, obviamente, pero
en este caso apuesto por dejarlos a un lado, porque estoy segura de que
Idania Valdés puede superarlos, totalmente.  Al menos, puede intentarlo.

 

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